Nuestra flora intestinal cambia en la tercera edad



Las bacterias que habitan dentro de nuestros intestinos – la llamada flora intestinal-  es una población tan inmensa que el número de dichas bacterias suma 10 veces el número de nuestras células humanas. Durante muchas décadas la medicina se obsesionó en eliminar cuanta bacteria, virus y hongo pudiera estar en contacto con nosotros; pero gradualmente ha ido entendiendo que existen hongos, bacterias y virus “buenos”.


Nuestra flora intestinal ha sido clasificada en dos categorías: unas “buenas o amigables” para nuestra fisiología, y otras “nocivas”, que pueden causarnos enfermedades cuando su número es demasiado alto en relación a las amigables.


Lo segundo que han entendido los científicos investigadores es de una importancia capital: el equilibrio de esos dos grupos de bacterias, tiene una influencia protagónica en nuestra salud. Tanto es así, que al conjunto de nuestra flora intestinal se le denomina “órgano simbiótico”- pues vive a costa de nosotros, pero nos retribuye con acciones útiles para nuestra salud y bienestar-.


Los inmunólogos consideran hoy que dichas bacterias son “el componente más importante de nuestros sistema inmunológico o defensivo” y como tal, tiene todo que ver con el cáncer y la susceptibilidad a las infecciones. Por su parte los endocrinólogos y diabetólogos nos cuentan que hay una flora intestinal típica de los pacientes obesos y otra típica de los pacientes delgados; las más esperanzadoras promesas de tratamiento para la obesidad y la diabetes tienen que ver con el equilibrio entre los dos tipos de población de microbios que nos habitan (bacterias aeróbicas y anaeróbicas, flora de fermentación y de putrefacción).


Pero otro hallazgo reciente tiene que ver con los cambios que experimenta nuestra flora intestinal a medida que vamos viviendo nuestras diferentes etapas del desarrollo humano; la flora de las personas de la tercera edad requiere atención cuando nos ocupamos del bienestar de ésta población que a diario es más numerosa. Publicaciones recientes destacan cómo las personas de 60 años en adelante pueden tener hasta 1000 veces menos bacterias “amigables” en sus intestinos – en comparación con adultos más jóvenes – y mayores niveles de microbios que causan enfermedades.  Ya sabíamos por investigaciones anteriores, que el consumo de la cepa de probióticos conocida como bifidobacterium lactis era sumamente saludable pues se le asoció con gran aumento en la eficiencia de nuestro sistema inmunológico: produce un aumento tanto en el número de glóbulos blancos como en su capacidad para combatir las enfermedades, y por lo ello, refuerza el sistema inmunológico de las personas de edad avanzada.


No precisamos acudir a caras inyecciones de inmunoglobulinas como refuerzos inmunológicos (la oferta de la industria farmacéutica). El naturismo y la nutrimedicina echan atajos más fisiológicos, amigables y económicos: alimentos fermentados y el consumo de probióticos y prebióticos.


La mejor forma de asegurar un microbioma intestinal óptimo para nuestra salud y bienestar, es regresar a la sana tradición de consumir regularmente alimentos fermentados o cultivados de forma artesanal; así como evitar el azúcar y los alimentos procesados propios de la comida chatarra, primer gran enemigo de nuestra flora saludable.


En términos más globales, la MICROFLORA describe las bacterias, hongos, virus y otros microbios que componen nuestro ecosistema microbiano interno, el cual tiene una influencia que va  mucho más allá de nuestro tracto digestivo.